Todos cuándo recién conocemos el BDSM, el Kink y sus derivados sentimos una alegría, satisfacción y felicidad que es muy díficil de explicar. Desde hormigas en las manos, mariposas en el estómago y hasta excitación profunda. Pocas veces sentimos esa sensación de vida plena.

Estás sensaciones y sentimientos pueden abrumar de sobremanera a quienes el impacto en sus vidas es relevante, sobre todo si ese encuentro se produce en algún evento o fiesta. Ver materializadas ideas, conceptos e incluso fantasías puede llevar perder un poco la civilización, dando paso a lo más primitivo. Esto no es ni bueno ni malo, pero depende mucho del contexto.
Si estás con alguien, en un lugar cómodo y existe una gran confianza es muy probable que tú ser animal no sea un problema, mientras se tenga un respeto, un acuerdo y un entendimiento entre quienes participan.
Ahora, si estás en un evento con mucha gente haciendo cosas, cada uno en lo suyo disfrutando, el contexto cambia radicalmente.

De manera personal, cuándo yo asisto a estos eventos o estoy en práctica de algo relacionado, donde tengo que velar por el bienestar de la persona que se entrega a mi, yo no consumo drogas ni alcohol. Para mí es sentido común pero para otros podría no serlo. Las implicancias en seguridad al estar con el estado alterado son minimizadas en gran medida por el afán de diversión, pero un simple descuido en nuestras prácticas puede llegar a ser mortal.

Cada uno es mayor de edad y puede hacer lo que quiera, mientras no afecte al resto. Si la libertad es un tesoro, cómo diría Sartré, ésta termina cuándo pasas a llevar a otro.
Me ha pasado que en varios eventos la gente se me acerca mientras estoy atando o se acercan a tocar a la modelo que estoy atando, todo esto sin pedir permiso y asumiendo que es un “derecho” que tienen.

Hay otras personas que se acercan en evidente estado alterado para que las ate o sesione. Más allá de lo peligroso que puede ser, uno cómo persona tambíen tiene sus formas y gustos. No tengo la obligación de hacer todo lo que se me pide.
Convengamos en una cosa. Antes de ser un rol o personaje somos todos personas, individuales y con intereses propios. Por eso es importante respetar esos derechos y no usar la temática para pasar sobre ellos, en cualquier contexto.

No pretendo decir que todo está mal, pero hay personas nuevas (otras no tanto) que pierden un poco el foco primordial de esta temática, el RESPETO.
No es mucho lo que se pide, hacerle caso más al sentido común que a la libido.

Esto último es muy importante dentro del BDSM. El control se debe tener en ambos roles, todo el tiempo. La parte Dominante, más allá del control que genera sobre la persona sumisa, debe tener un control absoluto de si mismo. No es compatible para una relación D/s el no controlarse a si mismo, y la confianza que se necesita para éstas prácticas requiere de ese mínimo, no por nada la persona sumisa confía en que será respetada, tanto ella cómo sus límites, deseos y necesidades.

La parte sumisa también requiere de autocontrol, tanto para manejar escenas complejas de dolor, ataduras, etc, cómo para no aprovecharse de ese poder para caprichos egoístas, manipulación y faltas de respeto.

El respeto, confianza y sinceridad de los consensos, acuerdos y límites nos separa del abuso, por lo que es algo muy urgente por asimilar si pretendes tener una sana experiencia en este increíble mundillo.